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Carta a un maestro para la democracia
 
 

Querido maestro que me lees:

 

El compromiso que has adquirido de educar en democracia es otro completamente distinto al tradicional que usaron contigo y que posiblemente te aplicaron y enseñaron en la primaria, en la secundaria y en la universidad: la educación en la represión y en el maltrato.

 

La nueva educación de hoy en día, en la llamada posmodernidad, requiere de tu parte una dedicación mucho mayor sobre el educando que la de cualquier otro maestro en la historia de la humanidad. No olvides que tenemos el privilegio de estar en el ojo del huracán de un formidable cambio en la cultura nunca antes visto, por lo extraño, invasor y vertiginoso. Por eso tienes que olvidarte del mito que los niños llegan ya con todo genéticamente predeterminado y casi mágicamente adquirido, mito propio de los sistemas jerárquicos, clasistas, racistas y verticales.

 

Si un pequeño de color, un niño pobre o un indígena tienen una limitación del proceso de aprender o no poseen una habilidad, no es porque sean menos inteligentes que el blanquito de clase alta que sí las tiene todas; y no es que la genética de los primeros sea inferior que la de los segundos. Si piensas eso estas a punto de tener que buscar algún partido fascista para pertenecer a él. Ten la seguridad de que esos niños que no vienen con lo idealmente esperado han sufrido una privación primaria por parte de padres que fueron a su vez privados cuando bebés y niños por los abuelos de tu alumno; y de ahí para atrás hasta nunca acabar. Es decir, no les dieron lo mínimo para lograr un desarrollo normal.

 

Debes por lo tanto tener fe en que eres más importante de lo que crees en el arduo camino de desarrollar potencialidades y de ayudar a implantar un proceso de aprendizaje adecuado; pero eso sí, teniendo la infinita paciencia de prestar funciones a quien no las tenga adquiridas y teniendo conciencia de tu enorme responsabilidad, ya que si tu educando no las entrena y afianza en ese momento y con tu ayuda,  posiblemente no va a tener la oportunidad de hacerlo nunca más; y ahí sí vamos a tener una persona deficitada, pero no de nacimiento sino por tu negligencia y falta de entusiasmo; es decir, por tu poca vocación pedagógica. No olvides que tu método es el contener y recibir, y tu técnica el amor.

 

Querido maestro y amigo: tú has escogido la profesión más sacrificada que existe; la que exige mayores dosis de aceptar molestias y desagrados sin chistar; la más frustrante, la menos remunerada y la que depende de mayor masoquismo amoroso para realizarse. Pero eres tú, después de la madre, la más maravillosa e importante persona que tiene el mundo de los humanos. Nosotros, los pretendidos seres más desarrollados, nos distinguimos de las demás especies en que podemos poner los códigos de la conducta desde afuera del genoma y luego de nacer, y que mamá y tú son los signados por la cultura para hacerlo.

 

Tú eres el sacerdote de la nueva religión; esa que está dedicada a la única actividad a la que toda la civilización actual debe rendir tributo: la Educación. Y no cualquiera de ellas, sino la que nos hemos comprometido entre todos a sacar adelante: la educación en democracia.

 

Espero que la vida te depare un apasionado ejercicio de la aventura de ser el partero de la cultura.

 

GUILLERMO CARVAJAL  M.D.

EL ESPACIO DE LA CURA

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